La casa, el mar, y el silencio entre ambos.
Para propietarios que quieren una casa cuidada, no un anuncio gestionado. Treinta y tantas villas en la costa del Empordà.
«Salt House» se queda como está. Es el nombre elegido; no se traduce ni se adorna. Todo lo demás habla en español y catalán.
La «h» en cursiva, siempre en cobalto cerámico, es el único guiño. Da calidez a una serif que, por sí sola, sería fría.
Alrededor del logotipo, el aire equivale a la altura de la «S». Nunca sobre blanco puro: siempre sal, cal o un color de la paleta.
Sal, mar en sombra y luz de mediodía. Nunca azul marino.
Treinta casas. Una manera de cuidarlas.
La marca dibuja. No solo escribe.
Una frase basta. Dos, si la primera no llega. El espacio en blanco también habla.
El mar no necesita adjetivos. Nombramos lo que hay: la luz, la piedra, el romero, la carretera de Girona.
Sin signos de exclamación. Sin «descubre», sin «vive la experiencia». Lo contrario del marketing de plataforma.
Holandés, alemán, francés e inglés para el propietario. El catalán, para la calidez: «Benvinguts a casa».
Casa de piedra sobre el olivar. Nueve kilómetros de la carretera; noventa minutos de Barcelona.
¡Descubre tu escapada de ensueño y vive una experiencia mágica frente al mar!
Gestionamos un puñado de villas en la Costa Brava como quien cuida un nombre. Reservas, llegada, mantenimiento. Sin ruido.
Hablemos de su casaL'hora blava
Una casa, el mar, y el silencio entre ambos.