Un recer al Barri Vell de Girona,
entre l'Onyar i la catedral.
Lugar retirado donde un animal se refugia y descansa. L'amagatall, la lludriguera.
Rincón íntimo y acogedor; sitio propio al que uno se recoge del mundo.
Casa de dieciséis habitaciones en un edificio del siglo XVII, en la ciudad vieja de Girona. Obert tot l'any.
En castellano: guarida, refugio, madriguera. Elegimos la palabra porque dice lo que somos sin levantar la voz. Un hotel se anuncia; un cau, simplemente, recibe.
No abrimos como un hotel. Abrimos como una casa que lleva aquí cuatrocientos años y que, por una vez, ha dejado la puerta entornada.
Dieciséis habitaciones. Una biblioteca, una mesa, un bar en penumbra. No hay piscina. No hay gimnasio. No hay prisa. La casa es lo que se viene a ver.
Recibimos sin entusiasmo y sin distancia: encendemos la luz, dejamos el pan, doblamos la sábana y nos retiramos. Lo demás lo pone Girona.
«Cau» se queda como está. Tres letras bastan. No se acompaña de «hotel» salvo donde la ley lo exige.
La «C» abierta y el remate fino dan el aire de una imprenta vieja. La marca parece impresa, no diseñada.
Alrededor del logotipo, el aire equivale a la altura de la «C». Nunca sobre blanco puro: siempre sobre guix o un tono de la casa.
Yeso viejo, contraventana de hierro, lacre y latón oxidado. Nada que brille.
Dieciséis cambres. Una sola manera de abrir la puerta.
La casa dibuja lo que tiene a la vista: la bóveda, la reja, el suelo, el vitral.
No como un hotel. Sin «descubra», sin «viva la experiencia». Quien entra ya sabe leer una habitación.
Una frase, si llega. Dos, si la primera se queda corta. El silencio también es parte del recibimiento.
Sin signos de exclamación. Constatamos lo que hay —la piedra, el pan, el río— y dejamos que pese por sí solo.
El nombre, los rótulos y la bienvenida, en catalán: «Benvingut a casa». Las habitaciones llevan nombre propio, no número.
Edificio de 1647 sobre el Call. El desayuno, a la hora que despierte; el pan, del horno de la plaça.
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La casa no se presenta: se ejerce. Vive en los gestos de la llegada.
Su habitación es L'Estudi, en la segunda planta. El desayuno se sirve abajo, a la hora que usted despierte. La biblioteca no cierra.
Dieciséis habitaciones en el Barri Vell de Girona. Sin piscina, sin gimnasio, sin prisa. Abierta todo el año.
Consultar fechasLa porta, entornada.
Salga a la izquierda y suba. En cinco minutos, sin proponérselo, estará en las escaleras de la catedral y en las calles del Call jueu, el barrio judío mejor conservado de Europa. Vuelva antes de que el sol deje el río.
Un recer al Barri Vell, entre l'Onyar i la catedral.